lunes, 15 de diciembre de 2014

INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA EVALUACIÓN EN MÉXICO



En México contamos con Leyes y Reglamentos  los cuales nos rigen en cuanto a la operación de los diversos programas de desarrollo social. 

Existe la Ley General de Desarrollo Social y su reglamento, en donde encontramos las reglas de operación y lineamientos  de los programas de desarrollo social,  deben de aplicarse junto con  un diagnóstico nacional, tratando siempre de reducir la pobreza.

Para el buen uso de los recursos y especificación de las aportaciones y políticas de gasto, contamos con la Ley Federal de la Presupuestación y Responsabilidad Hacendaría y la Ley de contabilidad gubernamental.

Todas las leyes y reglamentos que existen en nuestro país son derivadas de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

De lo arriba plasmado podemos deducir que si en México ya  se dio  el primer paso y contamos con leyes, ahora debemos generar la certidumbre  del uso adecuado de los recursos públicos y esto solo lo lograremos con una cultura evaluativa. En donde los evaluadores no solo deben tener buenas intenciones, sino que deben ser éticos y estar realmente capacitados,  para que no solo se cumpla con  los requerimientos mínimos normados en las leyes que rigen las evaluaciones.

 La evaluación debe retroalimentar a los programas, generando evidencia clara, con datos de buena calidad que ayuden a tomar decisiones  al momento de la asignación de los recursos, a partir de los resultados que se hayan logrado con el programa. Es decir debemos realizar mediciones de impacto, con la adecuada  aportación para mejorar lo que hasta el día de hoy se hace.

Me atrevo a mencionar que si todos los usuarios de los recursos públicos en toda la cadena ya sea de beneficiario, funcionario, político, proveedor y evaluador  pudiéramos conducirnos con valores positivos, con la ética necesaria lograríamos un país mejor y un mejor rendimiento con los mismos recursos.










sábado, 6 de diciembre de 2014

Evaluación con visión integral

Desde 1998 se han implementado programas sociales por el Gobierno en México, con la intención de erradicar la pobreza y no han logrado disminuirla después de tres décadas. Según el CONEVAL en México hay más pobres.

¿Faltan recursos?

¿Afecta la crisis mundial?

¿Los recursos no llegan a su destino?

O tal vez los recursos es lo único que llega a su  destino, pero necesitamos operar los programas con ética, entusiasmo y deseando realmente disminuir la pobreza y que no se etiqueten a los programas sociales como electoreros.

A continuación desde la literatura revisada describiré a la evaluación con visión integral como un mecanismo para contribuir en el impacto de los programas sociales.

Si los programas ejecutados por el Gobierno en materia de desarrollo social hubieran tenido impacto real, no necesitarían  más recursos económicos y tampoco tendrían la necesidad de afiliar a más familias.

La evaluación nunca debe quedarse en la fase económica: solo viendo la luna de todos  lados lograremos que en nuestro México realmente disminuya la pobreza.


¿Qué es la evaluación con visión integral?

Es una evaluación que contempla la diversidad de las evaluaciones partiendo desde el diagnóstico del problema que origina el programa, hasta la ejecución del mismo. La evaluación integral debe ser entendida como dinámica e interactiva detectando áreas de mejora de los programas, considerando sus etapas de formulación, planeación y operación.

¿Cómo se formula y opera un programa?

Se debe analizar si la conceptualización del problema y los objetivos del programa  realmente  son consistentes y corresponden con los mecanismos causales planteados.

Fase de diagnóstico: aquí debemos conocer  la magnitud, causas e implicaciones del problema, verificar su contexto socioeconómico, político y cultural. Identificando la causalidad que le da origen desde la perspectiva dinámica.

¿El problema está correctamente  identificado?

¿Cuál es la validez de la cadena de acciones del programa?


Fase de evaluación del diseño: donde se verifica que las actividades y los componentes están alineados con el propósito y el fin del programa.

Etapa de la ejecución: la cual se divide en dos tipos,  primeramente la evaluación de la implementación y la evaluación de la operación. En este sentido se identifican las causas de los desajustes entre lo planeado y lo que se desarrolla en hechos.

Fase de evaluación del impacto: utilizando los indicadores de resultados intermedios, finales o procesos del programa.

Fase de evaluación económica: es el análisis de la relación entre los costos y los resultados de un programa.

La evaluación integral considera a las  fases arriba descritas, permitiendo identificar ventanas de oportunidad, fortalezas y debilidades que contribuyan a la toma de decisiones, mejorando el desempeño, construyendo evidencia sobre la eficiencia y efectividad de las intervenciones y los programas.

En México el reto es mejorar la calidad de las evaluaciones ya que las recomendaciones derivadas de evaluaciones deficientes pueden ser contraproducentes.

¿Con una evaluación de los programas con visión integral podríamos  disminuir la pobreza?


Referencia bibliográfica

Evidencia Integral de programas de Salud y sociales: Evidencia Orientada a la Equidad Social.